
Esta conversación la inició Ruth Céspedes, de ESCUELA para el desarrollo, en el foro:
Empecemos a dialogar ¿quién se anima?
“El tema de Participación de niños pequeños se encuentra todavía en una fase muy incipiente. A pesar de la escasez de información, esperamos contribuir a la divulgación de conocimientos sobre este tema”.
“La participación y los niños más pequeños” Gerison Lansdown (extractos)
Las acciones y palabras de los niños son observadas a través de un lente que asigna menor valor a sus puntos de vista sencillamente en virtud de su condición infantil. Estos prejuicios relativos a la incapacidad de la infancia amordazan eficazmente la voz de los niños y dan como resultado la persistente subestimación de su potencial para participar competente y racionalmente en la toma de decisiones.
La Convención sobre los Derechos del Niño plantea incorporar –como lo hace –, por primera vez en la historia del derecho internacional, el reconocimiento de que los niños son sujetos de derechos autorizados a intervenir en las decisiones y acciones que los afectan. La Convención abarca, dentro de los derechos relacionados con la participación, a todos los niños capaces de expresar una opinión. No establece ningún límite de edad. Existe, por lo tanto, la urgente necesidad de experimentar enfoques que aborden el derecho de los niños más pequeños a participar y que, simultáneamente, examinen la cultura y las actitudes y prácticas predominantes en los ambientes en los que dichos niños pasan la mayor parte del tiempo.
Artículo 12: “los Estados Partes garantizarán al niño que esté en condiciones de formarse un juicio propio, el derecho de expresar su opinión libremente en todos los asuntos que afectan al niño, teniéndose debidamente en cuenta las opiniones del niño, en función de la edad y madurez del niño”
Lo que sí exige es que los adultos mantengan un diálogo comprensivo y respetuoso con los niños. La participación significa algo más que tomar parte: tomar parte en la actividad deportiva organizada por un adulto no es verdadera participación.
Inventar un espacio en el que los niños puedan contribuir con sus ideas a la organización de la jornada y colaborar con ellos en la realización concreta de sus sugerencias proporciona un nivel más intenso de compromiso y responsabilidad.
La participación infantil es un proceso continuo de expresión e intervención activa por parte de los niños en la toma de decisiones, a diferentes niveles, en los asuntos que les conciernen.
Cómo se aplica la noción de participación a los niños más pequeños
Son capaces de expresar su opinión, siendo los niños muy pequeños capaces de comprender una vasta gama de temáticas que los afectan y de aportar juicios ponderados sobre ellas. En realidad, existen numerosos ámbitos en los que los niños pequeños pueden demostrar una competencia igual o superior a los demás. Los adultos deben aprender a escuchar y ver lo que los niños dicen y hacen, sin someterlo siempre al proceso de filtro que reduce mecánicamente sus contribuciones sólo porque son pequeños. Y es participando en tales elecciones como los niños aprenden a aceptar la responsabilidad de sus acciones.
La participación aumenta la autoestima de los niños y la confianza en sí mismos, fomenta sus capacidades generales, produce mejores rendimientos, refuerza la comprensión de los procesos democráticos y el compromiso en los mismos, y, además, protege a los niños con mayor eficacia 38 . Brinda la oportunidad de desarrollar el sentido de autonomía, la independencia, una mayor competencia y adaptabilidad social 39 . Los niños pequeños tienen una contribución que dar a todos los niveles, desde la familia.
¿Qué constituye participación infantil de calidad? ¿Resulta fácil reconocer la participación infantil genuina (auténtica, voluntaria, anónima, espontánea) y diferenciarla de la fingida, inducida o coaccionada? En el desarrollo del niño, el cambio tiene muchas dimensiones y varios factores están en funcionamiento. ¿Cómo podemos afirmar que el cambio es sólo debido a la participación?
También es necesario tener claro que existe una tensión permanente entre el derecho legítimo que el niño tiene a participar y la obligación, igualmente legítima, que tiene el adulto de protegerlos. No todo lo que el niño exige o desea, le conviene. El adulto juega un rol importante para orientar y garantizar su protección, apoyándolo para el manejo de frustraciones y otras emociones.
No se puede esperar lo mismo de un niño de 2, 4 ó de 8 años. Es determinante conocer el proceso de desarrollo del niño, su entorno cultural, los estímulos del ambiente, por qué etapas pasa, etc. Esto exige un trabajo de formación y de articulación entre docentes, familias, promotores comunitarios y demás personas vinculadas a ellos.
No sería serio establecer un repertorio de actividades por edades para que la participación sea efectiva porque esto va a depender de las características y condiciones de cada niño. Lo que sí es deseable es que la actitud del adulto frente al niño sea la de preguntarle cómo se siente, hacerle saber que lo escucha, que sus opiniones son importantes, que puede participar en las pequeñas y grandes decisiones, etc. Sólo así será posible que los niños desarrollen mayor autoconfianza.
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